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El ritual en la vida real

Cómo escribo yo, con dos hijos, un trabajo y ningún tiempo libre

Llevo seis años y el cuaderno va por la mitad. Hay meses enteros en blanco. Cuento cómo se ve de verdad una costumbre que sí se sostiene, sin la parte bonita.

Ana María Restrepo4 de agosto de 20267 min de lectura

Empecé mi cuaderno en 2019. En seis años he escrito, calculando por lo bajo, unas ochenta páginas. Eso es poco más de una página al mes. Lo digo de entrada porque en internet todo el mundo cuenta la versión en la que escribe todos los días a las cinco de la mañana con un café, y esa versión no es la mía ni va a ser la tuya.

Soy mamá de dos niños, trabajo, y mi vida no tiene huecos de una hora esperando a que yo los llene con introspección. Y aun así el cuaderno existe y va por la mitad. Así lo hago.

Lo que no funcionó

Probé escribir todos los domingos. Duró tres semanas. El problema del día fijo es que en cuanto fallas dos veces seguidas, el plan se rompe y ya no es "no escribí el domingo", es "no soy capaz de sostener esto". Un plan que convierte una falla en un juicio sobre ti misma no sirve.

Probé también dejarlo para cuando estuviera inspirada. Eso es peor. La inspiración llega cuando ya estás escribiendo, no antes, y esperarla es una forma elegante de no empezar nunca.

Lo que sí funciona

Escribir por acontecimiento, no por calendario

No escribo cada semana. Escribo cuando pasa algo. El primer día de colegio, una pelea que me dejó pensando, una frase que dijo alguno y que no quiero que se me olvide, un diciembre. El disparador no es la fecha, es el hecho. Y los hechos sí ocurren solos.

Dejar el cuaderno donde estorbe

El mío vive en la mesa de noche, no en un cajón. Un cuaderno guardado es un cuaderno muerto. Si tiene que salir de un armario, no se escribe.

Aceptar los tres renglones

Muchas de mis entradas son tres o cuatro renglones. Una dice, completa: "Hoy Santi me preguntó si yo también fui niña. Le dije que sí y no me creyó". Eso es todo. Y esa es de las que más me gustan.

La entrada corta no es una entrada fallida. Es la única forma de que el cuaderno avance en una vida real. Las páginas largas llegan después, y llegan solas.

Escribir mal a propósito

No corrijo, no paso en limpio, no me devuelvo a arreglar una frase. Si tacho, dejo el tachón. Cuando mis hijos lean esto, lo que va a importarles no es que estuviera bien redactado. Va a importarles que sea mi letra, con sus dudas incluidas.

Volver sin ceremonia

Tuve un periodo largo sin escribir nada, alrededor de mi separación. Cuando volví no escribí ninguna explicación de por qué había dejado de hacerlo. Simplemente seguí. Nadie te está pidiendo cuentas y el cuaderno menos que nadie.

Cuánto tiempo toma de verdad

Entre diez y veinte minutos por entrada. Nueve o diez veces al año. Eso da unas tres horas anuales. Tres horas al año es menos de lo que cualquiera de nosotras gasta en el teléfono en una tarde de sábado.

Lo pongo así porque el "no tengo tiempo" casi nunca es sobre el tiempo. Es sobre lo que cuesta emocionalmente sentarse a mirar de frente lo que sientes por un hijo. Eso sí es difícil, y ahí sí vale reconocerlo en vez de disfrazarlo de agenda.

La pregunta que me hace volver

Cuando llevo mucho sin escribir me hago una sola: si mañana yo no estuviera, ¿qué de lo que pasó este mes se pierde para siempre? Casi siempre hay algo. Eso lo escribo, y con eso basta para reabrir el cuaderno.

Si quieres arrancar esta semana, te mando 30 preguntas en PDF y una pregunta nueva cada martes. Sirven en cualquier libreta, no hace falta comprar el cuaderno.

Quiero las 30 preguntas

Ana María Restrepo Vélez

Fundadora de ATI, Trazos & Ecos. Mamá de Matías y Santiago. Le escribe cartas a sus hijos en el mismo cuaderno desde 2019. Vive en Medellín.

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