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Qué escribirle hoy

Cinco preguntas para tu primera página, si no sabes por dónde empezar

Ninguna de las cinco te pide que expliques lo que sientes. Todas te piden que te acuerdes de algo concreto, que es lo único que el cerebro sabe hacer con una hoja en blanco al frente.

Ana María Restrepo4 de agosto de 20266 min de lectura

Cada vez que le regalo un cuaderno a alguien pasa lo mismo. Lo abre, le encanta, dice que va a empezar el domingo. El domingo se sienta, escribe "Hijo mío, quiero que sepas que te amo con toda mi alma", lee lo que escribió, le parece una cursilería, arranca la hoja y no vuelve.

No es falta de amor ni falta de tiempo. Es un problema de arranque. Cuando te sientas a escribirle a tu hijo sin una pregunta al frente, sin darte cuenta estás intentando resumir una relación entera en una página. Eso es imposible, el cerebro lo sabe y se bloquea.

La salida es renunciar al resumen. En vez de escribir sobre lo que sientes, escribe una cosa que pasó. La emoción aparece sola tres renglones después, siempre.

Por qué "te amo" es el peor primer renglón

No porque sea mentira. Porque es lo único que tu hijo ya sabe. No le enseña nada nuevo sobre ti ni le devuelve nada que no tenga.

Compara las dos versiones.

Te amo con toda mi alma y eres lo más importante de mi vida.

Te dormías solo si te cantaba la misma canción, y yo la cantaba mal a propósito porque te reías y así te demorabas más en dormirte.

La segunda le devuelve un pedazo de su vida que no recuerda. La primera no. Y la segunda, además, dice "te amo" con mucha más fuerza, sin usar la palabra.

La regla de todo lo que escribo: entra siempre por un detalle concreto, nunca por una emoción abstracta. Un olor, una hora, un objeto, un día de la semana. Lo demás llega solo.

Las cinco preguntas

1. ¿Quién eras tú antes de ser su mamá?

El trabajo que tenías, la casa donde vivías, la ruta que hacías todos los días, lo que querías hacer con tu vida y no hiciste. A los hijos les cuesta muchísimo imaginar que su mamá fue una persona con vida propia. Dársela por escrito es un regalo enorme y casi nadie lo hace.

2. ¿Cómo olía la casa donde creciste?

El olfato es la vía más corta a la memoria. Empieza por la cocina, por quién estaba en ella, por la hora del día. En dos renglones vas a estar contando cosas de tu infancia que no habías pensado en veinte años.

3. ¿Qué te dio miedo cuando supiste que venía en camino?

No lo que sentiste, que eso ya se lo imagina. El miedo concreto: si ibas a saber, si llegaba la plata, qué iba a pasar con tu trabajo, a quién se lo contaste primero y qué te dijo. Escribir desde la duda hace que el texto suene a persona y no a tarjeta.

4. ¿Qué haces tú que a él le da rabia?

Esta incomoda y por eso funciona. Nombrar tú misma el defecto que él conoce le quita el peso al asunto y le dice, sin decirlo, que lo ves con claridad. Es de las páginas que más me han agradecido.

5. Si algún día no estás y necesita un consejo tuyo, ¿cuál le dejas escrito?

Uno solo. No diez. Uno concreto, del tipo "si tienes que escoger entre quedar bien y decir la verdad, escoge la verdad y llámame desde donde estés". Un consejo así vale más que tres párrafos sobre la vida.

Cómo se hace, en la práctica

  • Escoge una sola. No leas las otras cuatro hasta que termines esta.
  • Ponte quince minutos, no una tarde. La tarde libre no va a llegar.
  • Escribe a mano si puedes. Tu letra también es tu voz, y es lo primero que se busca cuando alguien falta.
  • No corrijas. Si tachas, deja el tachón. La versión perfecta de tu letra no es la que tu hijo quiere.
  • Ponle la fecha. En diez años esa fecha va a significar más que el texto.

Y si a los quince minutos no salió nada, cierra el cuaderno sin culpa. Yo llevo seis años escribiéndoles a mis hijos y tengo meses enteros en blanco. Eso no es fracasar, eso es como se ve de verdad.

Estas cinco salieron de una lista de treinta. Te mando la lista completa en PDF, gratis, para responder en cualquier libreta que tengas en casa.

Quiero las 30 preguntas

Ana María Restrepo Vélez

Fundadora de ATI, Trazos & Ecos. Mamá de Matías y Santiago. Le escribe cartas a sus hijos en el mismo cuaderno desde 2019. Vive en Medellín.

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