Quién soy
Me llamo Ana María Restrepo Vélez. Vivo en Medellín y soy mamá de Matías y de Santiago. Trabajo en ingeniería, dirijo proyectos y unidades de negocio, y esa es la parte de mí que aparece en LinkedIn. ATI sale de la otra parte, la que lleva años escribiendo.
La Mama
La mujer más importante de mi infancia no era de mi familia. Se llamaba Elena Salazar, era la vecina de la casa de al lado en el barrio Miranda, y por alguna razón que todavía no entiendo del todo me adoptó como a una hija. Yo le decía La Mama. Me recibía en las mañanas, me bañaba, me peinaba, me guardaba un rincón en su cama los viernes. Su casa fue mi casa y su familia sigue siendo mi familia.
Murió el 29 de diciembre de 2002. Cuatro días antes me había pedido que la llamara porque quería decirme algo, y se me olvidó llamarla. Nunca supe qué era.
Desde entonces, cada 29 de diciembre hago el mismo ejercicio: cierro los ojos e intento acordarme de su voz. Cada año me cuesta más. Los hechos no se van, se va el timbre exacto, el olor de su cocina, la manera puntual en que decía una frase. Y de ella no quedó nada escrito. Ni una carta, ni una libreta, ni una nota al margen.
La historia completa está aquí, contada con calma.
El cuaderno, 2019
En 2019 abrí un cuaderno y empecé a escribirles a mis hijos. No hubo plan. Fue una tarde en que me di cuenta de que si a mí me pasaba algo, ellos iban a tener que reconstruirme igual que yo reconstruí a La Mama: preguntándole a otros, juntando versiones, adivinando.
Ese cuaderno sigue abierto. Va por la mitad, tiene meses enteros en blanco y páginas escritas a las once de la noche con una letra que ni yo entiendo. Es el mejor objeto que tengo.
Elena, la que no vino
Hay una parte de esta historia que tengo que contar en pasado. En diciembre de 2024, haciendo el ritual de recordar a La Mama, decidí que quería adoptar una niña y que, si se podía, se llamaría Elena. Empezamos el proceso con el ICBF en 2025. No llegó a término: me separé y el proceso se suspendió.
Lo cuento porque ATI nació ahí, en esa mezcla de gratitud y de duelo, y porque desde entonces escribo una memoria familiar titulada A Elena, la que fue y la que no vendrá, dedicada a Matías, a Santiago y a ella. Elena no llegó. El cuaderno sí se quedó, y la marca también.
Por qué se llama ATI
ATI significa mamá, mujer, madre tierra en arhuaco. En la lengua de los arhuacos, en la Sierra Nevada de Santa Marta, una misma palabra nombra a la madre, a la mujer y a la tierra que sostiene. Me quedé con ella porque dice en tres letras lo que el cuaderno hace.
Trazos y Ecos viene de una frase que sostiene todo lo demás: soy Eco de otros Ecos y Trazo de otros Trazos. El trazo es la marca física de tu mano en el papel. El eco es lo que ese trazo sigue haciendo cuando quien lo escribió ya no está.
Cómo se hace
Los cuadernos se producen en Medellín, argollados, de 17,5 por 25 cm, con pastas duras y un troquel con acetato en la portada para que pongas tu foto. Elegí materiales caros a propósito: esto tiene que aguantar más que yo.
ATI arrancó en octubre de 2025 con doscientas unidades. Casi todas las mamás que tienen uno me han escrito después para contarme algo. Ese es el motivo por el que sigo.
Una cosa que digo siempre: lo importante es que escribas. Si el cuaderno no te alcanza ahora, escríbeme y miramos cómo. Y si prefieres empezar hoy mismo sin comprar nada, llévate la guía gratis. Prefiero que escribas a que compres.